national cancer instituteCortar y pegar el ADN. Igual que harían unas tijeras y un pegamento con papel, pero a nivel molecular. Esta es la idea principal de la que tenemos que partir para poder entender el mecanismo que la Real Academia de Ciencias Sueca ha querido premiar en esta edición.

La colaboración entre la francesa Emmanuelle Charpentier y la estadounidense Jennifer Doudna se inició en el año 2011. Entre las dos, a través de estudios en bacterias, publicaron un año más tarde en la prestigiosa revista Science lo que técnicamente recibe el nombre de CRISPR/Cas9. Lo interesante de este mecanismo es que podía constituirse en una herramienta con mucho potencial para poder editar el ADN con una alta precisión. Y no hablamos de limitarnos a ADN bacteriano, sino que la edición genómica podía aplicarse a nivel del ser humano. No es difícil imaginar que esto lleva a otro tema que tendríamos que analizar con lupa: la ética y los límites de la ciencia. Por ejemplo, utilizar la edición del ADN para “mejorar” las generaciones futuras. No ahondaremos más en este tema, pero desde luego merece capítulo aparte.

¿Entonces en qué consiste exactamente CRISPR/Cas9? Básicamente, en localizar una secuencia concreta del material genético de cualquier ser vivo y cortar justo en ella. ¿Pero para qué? Pues, por ejemplo, para reemplazar un gen que esté provocando una determinada enfermedad, cortándolo y pegando en su lugar una copia del gen “correcto”. Esta es, de hecho, una de las aplicaciones médicas que más interés despierta. La técnica se ha empleado ya para corregir enfermedades hereditarias en embriones humanos, hay publicados algunos estudios de éxito en patologías sanguíneas y en terapias contra determinados tumores.

En el contexto de la pandemia de covid-19 en la que estamos inmersos, es reseñable indicar que la técnica de edición genética objeto de esta noticia puede aplicarse no solo a ADN sino también a ARN, precisamente la molécula componente del genoma del SARS-CoV-2. En la actualidad, el equipo de Doudna trabaja en el uso de CRISPR como mecanismo que permita la detección del coronavirus y al mismo tiempo que lo elimine.

 

Para más información, consulta el artículo original de ‘El País’.

Imagen de Unsplash, National Cancer Institute

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