vacuna covid ARNTiene 65 años y su historia es de las que bien merece un libro o una serie directamente. Es una historia de superación dentro de la ciencia, más aún siendo mujer, de perseverancia en la labor investigadora, de falta de financiación a lo largo de décadas, pero también de cómo una pandemia puede dar la vuelta a la tortilla en muy poco tiempo. Recuerden su nombre, Katalin Karikó, candidata a que algún día reciba el Nobel.

Tras estudiar Biología en su Hungría natal, se asienta en Estados Unidos a finales de los ochenta aprovechando las oportunidades de investigación que se le presentan. Desde entonces, se especializa en terapia génica, para hacer frente a enfermedades como el cáncer. Sin embargo, cuando todos los laboratorios se centraban en cómo cambiar el ADN del individuo de forma permanente para corregir estas enfermedades, Karikó dibuja en su cabeza un camino cuya solución es el ARN, no el ADN. En otras palabras, en vez de inducir cambios en el ADN, nuestro libro de instrucciones genético, si se inyectaba ARN mensajero en los pacientes esta molécula podría encargarse de fabricar las proteínas necesarias para curar la enfermedad, sin necesidad de cambiar el ADN. “Todo el mundo lo entiende ahora, pero no entonces”, argumenta la protagonista.

La propia comunidad científica se sentía incrédula ante el proyecto que ella defendía. Y así ocurrió durante décadas. Mientras tanto, sumó esfuerzos con otros colegas como Drew Weissman, centrado en la vacuna contra el virus del sida y que buscaba una solución basada también en ARN. Lo más relevante de esta historia de investigación en la sombra probablemente sea no haber encontrado financiación cuando llamaban a una puerta y a otra. Sintió tanto rechazo que hasta quiso dejar la ciencia. Ella misma atesora, como muestra en sus charlas, la carta que la farmacéutica Merck & Co (MSD) le remitió rechazando su petición de 10.000 dólares en busca de financiación, una cantidad insignificante si consideramos los millones de euros invertidos para sacar en tiempo récord las vacunas contra la covid.

El año 2005 supone un punto de inflexión en la carrera de Karikó y Weissman, por un descubrimiento que llevan a cabo en la secuencia del ARN y que da más credibilidad a su propuesta. La rápida venta de esta patente les permite conseguir más financiación y a partir de 2010 todo se precipita: reciben cientos de millones de dólares de capital privado con el objetivo de buscar soluciones para tratamiento de enfermedades. Lo curioso es que no había apenas publicados estudios científicos. Pero el potencial estaba ahí, las empresas biotecnológicas se habían dado cuenta. Tras cuarenta años de trabajo prácticamente anónimo, Katalin Karikó hoy es vicepresidenta de la empresa BioNTech. Está claro que si en verano conseguimos hacer vida normal, como se atreve a afirmar la bioquímica, será en gran parte gracias a ella.

 

Para más información, consulta el artículo original de ‘El País’.

Imagen de Unsplash, Hakan Nural

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies