En uno de nuestros artículos anteriores, concretamente en este, os hablábamos de la reciente muerte de Ann Mitchell, miembro del equipo de criptoanalistas de Bletchley Park. Para quien no lo sepa, Bletchley Park fue la sede del centro del criptoanálisis aliado durante la Segunda Guerra Mundial, situado en la llamada Government Code and Cypher School, un complejo compuesto por una pintoresca mansión victoriana rodeada de cabañas de madera.

Y lo que queremos destacar de esta institución es que estaba compuesta casi en su totalidad por mujeres, llegando hasta el 75% de presencia femenina. Así, el personal de Bletchley era variado; lingüistas, matemáticos, filósofos, ingenieros y agentes sin educación superior reclutados con criterios poco convencionales (como ser de ascendencia nobiliaria o experto en crucigramas). A la cabeza, Alan Turing, el alma y cerebro de Bletchley Park.

Muchas de estas mujeres tenían educación superior en física y matemáticas, como la propia Ann Mitchell. Su trabajo se centró en optimizar la búsqueda de patrones para las bombas, usando suposiciones acerca de posibles correspondencias entre texto claro y cifrado. Además de ella hubo muchas más mujeres, como Mavis Batey. Esta germanista comenzó su carrera en inteligencia militar, buscando mensajes en clave insertados en los anuncios del Times, y su labor fue clave para el éxito del Día D.

O Joan Clarke, que trabajó en la Cabaña 8, centrada en la Enigma de la Kriegsmarine. Clarke fue la única mujer en el proyecto Banburismus, ideado por Turing para reducir la necesidad de usar las bombas polacas. Y aunque llegó a ser subdirectora de este proyecto, no se le permitió promocionar más debido a su género, al mismo tiempo que se le pagaba menos que a sus compañeros, todos hombres. Su papel en este proceso le valió premios y citaciones, como el nombramiento como miembro de la Orden del Imperio Británico. Así, siguió trabajando toda su vida en criptografía. Biografía que puedes descubrir más ampliamente en la película “El código enigma”, actualmente disponible en Netflix y en la que Keira Knightley interpreta a Clarke.

Sin embargo el caso de Joan Clarke, que dedicó su vida a la criptografía, no fue el caso de la mayoría de estas mujeres, incluida Ann Mitchell. Durante décadas, ni siquiera sus familias fueron conscientes de su discreta labor cazando permutaciones y acortando una guerra que otras armas más sangrientas eran incapaces de parar.

Si quieres saber más sobre Bletchley Park y la máquina Engima, consulta este artículo del diario El País.

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